Tuesday, May 25, 2010

4:01 a.m.

dulce
anhelo
tu humo

dulce
te quiero
fuerte
¿por qué no?

dulce
la silueta
tus labios

dulce
quiero
ser
yo

Monday, May 10, 2010

Continuación: Rayuela

Rayuela no es como cualquier novela, tiene dos maneras de leerse... o quizás más. Julio Cortázar incluye en la misma un tablero de dirección para poder leerla. Por mi lado, comenzaré con el orden corriente.

Aquí incluyo el tablero de dirección hecho por Julio Cortázar:

"A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El lector queda invitado a elegir una de las dos posibilidades siguientes:

El primer libro se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue.

El segundo libro se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo. En caso de confusión u olvido, bastará consultar la lista siguiente:

73 - 1 - 2 - 116 - 3 - 84 - 4 - 71 5 - 81 - 74 - 6 - 7 - 8 - 93 - 68 - 9 - 104 - 10 - 65 - 11 - 136 - 12 - 106 - 13 - 115 - 14 - 114 - 117 - 15 - 120 - 16 - 137 - 17 - 97 - 18 - 153 - 19 - 90 - 20 - 126 - 21 - 79 - 22 - 62 - 23 - 124 - 128 - 24 - 134 - 25 - 141 - 60 - 26 - 109 - 27 - 28 - 130 - 151 - 152 - 143 - 100 - 76 - 101 - 144 - 92 - 103 - 108 - 64 - 155 - 123 - 145 - 122 - 112 - 154 - 85 - 150 - 95 - 146 - 29 - 107 - 113 - 30 - 57 - 70 - 147 - 31 - 32 - 132 - 61 - 33 - 67 - 83 - 142 - 34 - 87 - 105 - 96 - 94 - 91 - 82 - 99 - 35 - 121 - 36 - 37 - 98 - 38 - 39 - 86 - 78 - 40 - 59 - 41 - 148 - 42 - 75 - 43 - 125 - 44 - 102 - 45 - 80 - 46 - 47 - 110 - 48 - 111 - 49 - 118 - 50 - 119 - 51 - 69 - 52 - 89 - 53 - 66 - 149 - 54 - 129 - 139 - 133 - 140 - 138 - 127 - 56 - 135 - 63 - 88 - 72 - 77 - 131 - 58 - 131"

Monday, May 3, 2010

diálogo coloquial

Cerebro: No sé qué siento.
Corazón: Sí, sí sé que siento. Sólo tengo miedo.
Cerebro: ¿En realidad tengo miedo?
Corazón: Sí, tengo miedo.
Cerebro: Creo que es la cuestión del tiempo. Muy rápido, ¿no?
Corazón: Quizás muy lento.
Cerebro: Pero no quiero...
Corazón: Sabes que sí.
Cerebro: Pero no debo.
Corazón: Deber y querer son cosas muy diferentes. Sabes que ya yo he tomado una decisión.
Cerebro: Me molesta que no hayas dialogado conmigo antes.
Corazón: Me conoces. Sabes que soy impulsivo.
Cerebro: Sí, pero por eso mismo terminas pasando por malos ratos.
Corazón: Sabes que sólo busco la felicidad. Sabes que no pienso dos veces antes de actuar. Sabes que estoy descontrolado.
Cerebro: Lo sé, lo sé. Tienes que parar de ser tan egoísta. Recuerda que existo y que estas decisiones que tomas afectan a los demás.
Corazón: Perdóname...
Cerebro: No pidas perdón si sabes que no cambiarás.
Corazón: No puedo controlarme.
Cerebro: Y por esto, moriremos o viviremos.
Corazón: Siempre soy yo él que toma los riesgos. Siempre soy yo el culpable.
Cerebro: Pero es que es verdad.
Corazón: En realidad, ¿quisieras cambiar mi manera de ser?
Cerebro: Sabes que por más que quisiera o no quisiera hacerlo, no tengo dicha aquí.
Corazón: Eso lo sé, pero contéstame. Si fuera posible, ¿me cambiarías?
Cerebro: Corazón... sabes que sólo utilizo la razón y por esto mismo, nunca podré contestar esa pregunta. No soy tú.
Corazón: La esperanza nunca se me escapa.
Cerebro: Quisiera sentir como tú.
Corazón: Por mi lado, no quisiera razonar como tú. Quizás sufro, pero a veces estos riesgos que tomo provocan una felicidad interminable.